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Leer en tiempos de ruido: por qué la lectura sigue siendo esencial


Vivimos rodeados de palabras, pero quizá nunca había sido tan difícil detenernos a leer.

Cada día recibimos cientos de mensajes, titulares, publicaciones, videos, notificaciones y fragmentos de información. Leemos constantemente, pero no necesariamente comprendemos. Saltamos de una pantalla a otra, de una idea a la siguiente, y con frecuencia consumimos información a una velocidad muy superior a nuestra capacidad para reflexionarla.


En este escenario, leer un libro puede parecer una actividad sencilla, incluso antigua.

Sin embargo, la lectura profunda podría estar adquiriendo un valor nuevo.

No solamente porque permite adquirir conocimientos, sino porque nos obliga a permanecer durante un tiempo suficiente dentro de una idea, una historia o una pregunta.

Y quizá esa sea una de las capacidades que más necesitamos recuperar.


Leer no es solamente recibir información


La OCDE define actualmente la competencia lectora de una manera mucho más amplia que la simple capacidad de descifrar palabras. Un lector competente debe comprender, utilizar, evaluar y reflexionar sobre los textos; además, en el entorno digital necesita comparar fuentes, distinguir hechos de opiniones, reconocer información sesgada y construir conocimiento.


Esto cambia nuestra manera de entender la lectura.

Leer no significa simplemente pasar los ojos por una página.


Leer significa interpretar.


Significa relacionar lo que encontramos con aquello que ya sabemos, cuestionarlo, imaginar posibilidades y construir nuestras propias conclusiones.


Por eso un libro puede hacer algo que una sucesión interminable de contenidos breves difícilmente consigue: obligarnos a permanecer.


Permanecer ante una pregunta.

Permanecer ante una contradicción.

Permanecer ante una historia.

Permanecer, incluso, ante nosotros mismos.


Lo que dicen los investigadores


La investigación contemporánea sobre lectura muestra que sus beneficios van mucho más allá del vocabulario o de la comprensión escrita.


Una revisión publicada en 2024 sobre lectura por placer encontró asociaciones con la comprensión lectora, el pensamiento crítico, el vocabulario, el bienestar, la interacción social y el aprendizaje a lo largo de la vida. Los autores también destacan la importancia de que la lectura sea personalizada y tenga una dimensión de disfrute, no únicamente de obligación escolar.


Los investigadores Raymond A. Mar y Keith Oatley han planteado además una idea particularmente interesante respecto de la ficción: las historias pueden funcionar como una especie de simulación de experiencias sociales. Al entrar en el mundo de personajes diferentes a nosotros, podemos practicar la comprensión de otras perspectivas y desarrollar habilidades relacionadas con la empatía y la inferencia social.


La investigación experimental también ha encontrado resultados sugerentes. En dos experimentos, Bal y Veltkamp observaron que la lectura de ficción podía asociarse con cambios en la empatía cuando el lector se involucraba emocionalmente en la historia. Es decir, no parece bastar con leer mecánicamente: la experiencia de entrar realmente en una historia importa.


Esto resulta especialmente interesante para quienes leen novelas. Una novela no solamente cuenta qué ocurrió.


Nos invita a imaginar qué habría ocurrido si nosotros hubiéramos estado allí.



La lectura como ejercicio de pensamiento


Hay una diferencia fundamental entre consumir una información y construir una comprensión.

  • Un video de treinta segundos puede proporcionarnos un dato.

  • Un libro puede proporcionarnos un contexto.

  • Un titular puede decirnos qué ocurrió.

  • Una investigación puede ayudarnos a preguntarnos por qué ocurrió.

  • Una publicación puede ofrecer una opinión.


La lectura profunda nos permite confrontarla con otras.

Por eso la lectura también es una forma de entrenamiento intelectual.

Cuando leemos una novela compleja, seguimos personajes, relaciones, acontecimientos y pistas.


  • Cuando leemos historia, relacionamos acontecimientos.

  • Cuando leemos ciencia, aprendemos conceptos.

  • Cuando leemos filosofía, nos enfrentamos a preguntas.

  • Cuando leemos poesía, descubrimos que una misma palabra puede contener múltiples significados.


Leer es aprender a vivir dentro de la complejidad.


Y esa capacidad resulta particularmente importante en una época caracterizada por la simplificación inmediata.


El desafío de las pantallas


La digitalización no significa que la lectura haya desaparecido.

De hecho, una parte importante de nuestra lectura ocurre actualmente en dispositivos digitales.


El problema es otro: qué tipo de lectura estamos realizando y durante cuánto tiempo somos capaces de sostener nuestra atención.


La OCDE ha documentado que la lectura se ha desplazado progresivamente del papel hacia las pantallas y que este cambio plantea nuevos desafíos relacionados con el acceso, las habilidades digitales y la comprensión.


Además, investigaciones recientes siguen examinando las diferencias entre la lectura impresa y la digital. Un análisis difundido por el National Endowment for the Arts señala que la lectura recreativa en formato impreso presenta una relación más favorable con la comprensión lectora que determinadas formas de lectura digital, aunque también existe una relación positiva —aunque menor— entre lectura digital recreativa y comprensión en algunos grupos.


La conclusión no debería ser que “el papel es bueno y la pantalla es mala”.

La realidad es mucho más interesante.


La pregunta no es solamente dónde leemos, sino cómo leemos.

Podemos leer superficialmente un libro impreso.


Y podemos realizar una lectura profundamente reflexiva en formato digital.

La atención sigue siendo el elemento central.


Una tendencia paradójica: menos lectura, pero nuevos lectores

Las tendencias actuales muestran una paradoja.

Por un lado, diferentes estudios han documentado descensos en la lectura voluntaria en determinados grupos y países. Una revisión académica publicada en 2024 señala precisamente la preocupación internacional por el descenso de la lectura voluntaria entre jóvenes.


Por otro lado, los libros están encontrando nuevas formas de circular.

Las comunidades de lectura en redes sociales, especialmente fenómenos como BookTok y Bookstagram, han convertido nuevamente a los libros en objetos de conversación cultural. En 2026 incluso se observa una tendencia hacia la recuperación de las librerías físicas y de la lectura como experiencia social y cultural.


También crece el audiolibro.

La industria editorial está desarrollando producciones de audio cada vez más sofisticadas, con múltiples narradores, diseño sonoro y experiencias híbridas que permiten pasar de audio a texto.


Esto nos permite identificar una tendencia importante:

la lectura no necesariamente está desapareciendo; está cambiando de forma.


El lector del futuro probablemente no será exclusivamente lector de papel.

Será lector de papel, pantalla, audio y nuevas plataformas.

Pero seguirá necesitando algo que ninguna tecnología puede hacer por él:

comprender.


Y entonces apareció la inteligencia artificial




La inteligencia artificial introduce una nueva pregunta.

Si una máquina puede resumir un libro en segundos, ¿seguirá siendo necesario leerlo?

La respuesta depende de qué entendamos por leer.


Si solamente queremos obtener información, quizá un resumen pueda ser suficiente.

Pero si queremos experimentar una historia, desarrollar una idea, conocer una perspectiva, cuestionar nuestras propias creencias o construir una comprensión profunda, el resumen no sustituye completamente la experiencia.


La IA puede decirnos qué contiene un libro.

Pero no puede vivirlo por nosotros.

Y esta diferencia puede adquirir todavía mayor importancia.


El crecimiento de los contenidos generados mediante inteligencia artificial está provocando además nuevas discusiones en la industria editorial sobre autenticidad, derechos de autor, confianza y valor de la autoría humana. Investigaciones recientes ya están analizando cómo la generación automática de libros puede aumentar enormemente la cantidad de títulos disponibles y modificar la economía del mercado editorial.


En un mundo donde producir texto será cada vez más fácil, la capacidad de reconocer una voz humana, una experiencia auténtica y una idea verdaderamente original podría adquirir todavía más valor.


Leer también es recordar


Existe otra dimensión de la lectura que suele pasar inadvertida.

Los libros conservan memoria.


  • Una novela puede preservar una época.

  • Un ensayo puede conservar una idea.

  • Un diario puede conservar una vida.

  • Una investigación puede preservar un descubrimiento.

  • Una historia familiar puede impedir que una experiencia desaparezca.


En ese sentido, leer también significa entrar en contacto con la memoria de otras personas.

Y escribir significa intentar dejar una memoria para quienes todavía no conocemos.

Quizá por eso las sociedades han protegido sus bibliotecas durante siglos.


Porque una biblioteca no es únicamente un lugar donde se almacenan libros.

Es un lugar donde una sociedad conserva parte de aquello que no quiere olvidar.


Leer una novela es entrar en otro tiempo



La ficción posee una característica particularmente poderosa.

Nos permite experimentar mundos que no existen.


La investigación sobre ficción y empatía no demuestra que toda novela transforme automáticamente a quien la lee. Los efectos dependen de múltiples factores, entre ellos la forma en que el lector se involucra con la historia.

Pero precisamente ahí reside la fuerza de la literatura.


La lectura no trabaja solamente sobre lo que sabemos. También puede trabajar sobre lo que imaginamos.


¿Estamos perdiendo la capacidad de leer profundamente?

No existe una respuesta sencilla.

Sí existen señales preocupantes sobre determinados hábitos de lectura, especialmente entre jóvenes y en sociedades altamente digitalizadas. Pero también existen señales de renovación: comunidades lectoras, nuevos formatos, audiolibros, librerías que recuperan protagonismo y lectores que descubren la literatura a través de redes sociales.

Por eso quizá sea más preciso hablar de una transformación de la cultura lectora.

El desafío no consiste en regresar al pasado.


Consiste en aprender a leer profundamente en el presente.


Volver a leer no significa leer más


  • Tal vez la solución no sea proponernos leer cincuenta libros al año.

  • Tal vez sea algo mucho más sencillo.

  • Leer diez páginas sin mirar el teléfono.

  • Leer una historia sin interrupciones.

  • Leer una idea y preguntarnos si estamos de acuerdo.

  • Subrayar una frase.

  • Regresar a una página.

  • Conversar sobre un libro.

  • Leer algo que no nos diga lo que ya pensamos.


Y, ocasionalmente, permitirnos simplemente disfrutar.


Porque la lectura por placer también importa.

La investigación reciente insiste precisamente en que la motivación, la personalización y el disfrute son elementos fundamentales para construir una relación duradera con la lectura.


La verdadera importancia de leer

Quizá la pregunta no debería ser:

“¿Para qué sirve leer?”

Sino:


“¿Qué clase de persona queremos seguir siendo en un mundo que cada vez piensa más deprisa?”


Leer nos obliga a detenernos.

  • A escuchar una voz diferente.

  • A seguir una idea hasta el final.

  • A imaginar.

  • A recordar.

  • A cuestionar.

  • A comprender.


Y, sobre todo, a descubrir que todavía existen preguntas para las cuales ningún algoritmo puede proporcionarnos una respuesta definitiva.


Por eso los libros siguen importando.

No porque sean objetos antiguos.

Sino porque continúan ofreciéndonos algo extraordinariamente moderno:

un espacio para pensar por nosotros mismos.


Y quizá, en una época de información infinita, esa sea una de las formas más valiosas de libertad.


Bibliografía y fuentes de consulta


  • Vogrinčič Čepič, A., Mascia, T. & Aerila, J.-A. (2024). Reading for Pleasure: A Review of Current Research. New Zealand Journal of Educational Studies, 59, 49–71.

  • Cremin, T. & Scholes, L. (2024). Reading for pleasure: scrutinising the evidence base – benefits, tensions and recommendations. Language and Education.

  • Mar, R. A. & Oatley, K. (2008). The Function of Fiction is the Abstraction and Simulation of Social Experience. Perspectives on Psychological Science, 3(3).

  • Bal, P. M. & Veltkamp, M. (2013). How Does Fiction Reading Influence Empathy? An Experimental Investigation on the Role of Emotional Transportation. PLOS ONE, 8(1), e55341.

  • OECD. Reading literacy. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

  • Ikeda, M. & Rech, G. (2022). Does the digital world open up an increasing divide in access to print books? OECD, PISA in Focus No. 118.

  • National Endowment for the Arts. Indelible Ink: The Lasting Benefits of Print Media for Reading Comprehension. 2024.


Una reflexión para cerrar


En Editorial Ix, creemos que un libro no termina cuando llegamos a la última página.

A veces comienza ahí.


Porque una buena historia puede dejarnos una pregunta que permanece durante días, años o incluso generaciones.





Leer es recibir una historia.Comprenderla es hacerla nuestra.Y recordarla es permitir que continúe viviendo.


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